19 de gener de 2011

LEE: Jornada 9.2

Després de sa tormenta sempre arriba sa calma, i després d'una jornada de LEE toca Post explicatiu.

Aquí el tenim. Només comentar sa rajada des NewBuiders, que vist que tenien alguna baixa i s'enfrontaven a uns potents Güizas, decidiren aplaçar es partit a una reunió 'in extremis' a sa Discoteca Enfants.



Resultats de sa jornada



Classificació



Pitxitxi



Propera jornada

18 de gener de 2011

Padre, me acuso

Cansvells i cusses de bon veure. Vos adjunt dos textos escrits per en Xavi Rio, companyero meu de classe a sa universitat i amic de El Partido. Recentment ha publicat, junt amb altres de El Partido en un diari anomenat "El Manifiesto" (Boadella & co). També publiquen periódicament un fanzine anomenat "El Intempestivo". Vos pas també s'enllaç: http://elintempestivo.wordpress.com/ (per ca meva en tenc un parell en versió fanzine per si a algú li interessa, maldement sigui en aquells moments a nes que es calçons son a nes turmells)







Padre, me acuso de intolerante, de intrépido, de albergar tatuada en el corazón una jerarquía de leyes, y en la sangre una pasión por ellas que no atiende a razón.

Padre, me acuso de infiel ante la religión que miserablemente iguala, nivela y desarraiga todo cuanto alcanza su sombra; me acuso de querer ser hombre, de vivir y morir como hombre, por todo lo que de mayúsculo y grande el hombre es aún capaz.

Padre, me acuso de antiliberal. No puedo, no sé, no estimo posible concebirme en el mundo sin mirar atrás, sin sentir un legado, sin participar de una herencia, sin vivir con la gracia del que es portador de una misión. No lo conozco, y me estremece la sola idea de un hombre abstracto, autónomo, individualista…, que no es lo mismo que individual.

Padre, me acuso de conservador, porque conservo la vergüenza, sospecho de los cantos de sirena progresista, porque no bailo sino mi canción, compuesta de notas absolutas, a la par que desconfío de la sonrisa del comerciante, así como de la convicción del charlatán.

Padre, me acuso de ser duro, porque no exijo a los demás hombres menos de lo que me exijo a mí, pues intuyo que ser hombre ha de significar ser para el heroísmo.
Padre, me acuso de ser ingenuo y anticuado, porque busco la legitimidad de un compromiso en los ojos del que me estrecha la mano. La letra, ídolo ilustrado, genera profesiones y profesionales de profesiones... Nada ofrece como nobleza de oficio. Peor aún, la letra…, la mala letra envilece, invita a los hombres a jugar como cerdos que quieren ser dioses.

Padre, me acuso de ser enemigo: enemigo de la fiebre como tempo vital, enemigo sin tregua de la época, porque creo con Quevedo que "el exceso es el veneno de la razón".

"HALLARÉ UN CAMINO O ME LO ABRIRÉ."




Así sea.








QUIJOTEAR




Abres los ojos, y en derredor topas con el límite, con la estrechez de una ciudad prostituida, que sangra negra y humeante, chasqueando y vociferando en sus rincones por un puñado de sucias monedas. Caminas sólo, sólo porque así lo implica tu condición, pues has elegido un río invisible en el asfalto, pero hubieras abrazado una hermandad, un cuerpo-castillo en que ser muralla, y pozo, y escudo, carne agradecida y carne de cañón, cañón que debe permanecer.
¿Pero cabe ya una razón para permanecer en los dibujos de nuestra nostalgia, ofendida y agonizante?

Ante tu silencio y tu abismal desconcierto, la mentira del diseño, el snobismo que desdeña las formas nobles y populares. Callas … Atraviesa veloz tus mejillas la ráfaga de un desfile carnavalesco, pero sin simpatía alguna, un macabro compás de danza fúnebre que perturba el ánimo.

La corrección política vocifera, en estridente megafonía, colonizando, pues se coloniza cómodamente cuando se diluye un pueblo en masa.

Te diagnostican locura –qué, si no– agraviada ésta por una inestable frustración, la frustración de no creerte la mitad de los cuentos que justifican la vida de maniquí ridículo, la vida del buen modelo, desterrador de virtudes.

En la pintura de esta extravagante y triste calamidad, te queda el albergue negro de tu vocación andante, desacomplejadamente medievalesca.

Se equivocan, sin embargo, sus médicos, pues la oscuridad de tu figura es la dignidad de la pequeña sombra que se precipita a las alturas de los filos alpinos.

Tus músculos en tensión se abren paso hambrientos de vida, ebrios de sueño, en la pesadilla de sus descafeinadas ceremonias, en la turba desorientada de este enjambre de criaturas endebles, de escaparate y revolución de café.

A diestra, a siniestra. Aquí y allá sus muros, en medio la fuerza, frente a la cordura de cordero, en medio de la vida, el brote quijotesco que perpetúa con su estampa, que estampa con su existencia como argumento la frontera entre vida y VIDA.

Te buscaste en los ojos de tus semejantes, en las estadísticas de una ignominiosa y depresiva mayoría, que sobrevive merced a una nevera y a unas razones de coja publicidad. Te pretendían en el club del aguanta, que siempre nos queda el sábado , del modérate y vocifera cuando la campana del régimen redoble. Has quemado sus tarjetas de visita y exhibes tu mueca de ignorancia y desinterés, blasfemando sobre sus esperanzas. Hete aquí que te armaste caballero, vives en el reino de los quijotes, y su estirpe ya monta guardia lanza en piel. Quijote, no hay regreso y mereces tu libertad, dignamente conquistada.

Quijotes son aquellos que arrastrados por su vocación de inmortalidad no desisten en su empeño por asirle el pulso a la eternidad.

Quijotear.